
Episode 4
Episode 4 | 49m 54sVideo has Closed Captions
A magazine offer brings hope, but Pelayo’s arrival and looming debts raise the stakes.
A magazine feature could save La Favorita, but Elena fears exposure as Pelayo’s arrival and financial pressure threaten the women’s fragile progress.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback

Episode 4
Episode 4 | 49m 54sVideo has Closed Captions
A magazine feature could save La Favorita, but Elena fears exposure as Pelayo’s arrival and financial pressure threaten the women’s fragile progress.
Problems playing video? | Closed Captioning Feedback
How to Watch La Favorita 1922
La Favorita 1922 is available to stream on pbs.org and the free PBS App, available on iPhone, Apple TV, Android TV, Android smartphones, Amazon Fire TV, Amazon Fire Tablet, Roku, Samsung Smart TV, and Vizio.
Providing Support for PBS.org
Learn Moreabout PBS online sponsorship[ Niños riéndose ] [ Trinos ] [ Llanto de bebé ] -Bonito el sitio, ¿verdad?
-Muy bonito para venir con tu mujer, sí.
¿Qué hacemos aquí?
-¿No querías hablar con Don Benito?
-¿Aquí?
Pensé que un mafioso como él tendría un cuartucho oscuro en algún barrio de mala muerte.
-Y lo tiene, pero no te recomiendo la visita.
No todo el que entra sale.
La buena noticia es que por las tardes suele estar aquí.
-¿Y la mala?
-Que no soporta que le molesten.
Pero tú tranquila, déjame hablar a mí y todo irá bien.
-No deberíais estar aquí.
-En cambio, tú tienes que estar toda la tarde, Armando.
-Muy gracioso, Julito.
-Venimos a hablar con tu jefe.
Es importante.
-Ya.
Como veas.
Pero no creo que le haga mucha gracia que le interrumpan.
-¿Y ya está?
¿Esta miseria es todo lo que tienes para mí?
Mira que te lo he pedido por las buenas, chaval.
Pero me estás ofendiendo.
-Perdone, don Benito.
Aquí tiene, de los más grandes.
Invita la casa.
-Esto ya es otra cosa.
¿Ves?
Hablando se entiende la gente.
¿Qué se dice, niño?
-Quiero más.
-[ Se ríe ] Clavadito a su abuelo.
-Don Benito, han venido a hablar con usted.
-Quédate con él.
-Cecilia, se te va a pasar el arroz.
-Tampoco hace falta meter el dedo en la llaga.
Si sigo soltera es porque quiero.
-Pero ¿qué dices?
El arroz, hija, que se te agarra.
-¡Ay!
Perdón.
Es que no dejo de pensar en Elena y Julio.
Ojalá les haya ido bien.
-¿Creéis que habrán conseguido ganar algo de tiempo con don Benito?
-Pues enseguida lo sabremos.
Si vuelven, es que le han convencido.
Pero si no vuelven... [ Chasquido ] -Desde luego, Lourdes, eres única animando.
-Pero no seas agorera, mujer, que tenemos que pensar que todo va a ir bien.
[ Tintineo ] [ Tintineo continúa ] -Hola.
-Un cliente.
-Pues, alguna tiene que salir a atender.
Que Ana no ha llegado.
Y yo no, que a mí me da vergüenza.
-Hablando de la reina de Roma.
-¿Y tú de dónde vienes?
Porque por casa no has pasado.
-Se habrá entretenido con alguno de sus amigos.
-He salido con Manuel, con el chico del colmado, que me ha llevado a bailar y no sé cómo, hemos terminado en un tablao flamenco, que por cierto, ¿Elena dónde está?
-Así que toda la noche de jarana.
¿Y qué?
¿Lo pasasteis bien?
-¿Tú qué crees?
Pero si huele aguardiente desde aquí.
-Te parecerá bonito aparecer a estas horas, como si no tuviéramos suficientes preocupaciones.
-Por favor, cotorras, vale ya, que me duele la cabeza.
-¿Quieres un cafelito con leche?
-Sí, un cafelito.
-He hecho un bizcocho -- -De eso nada.
Tú ahora sales a atender, que tenemos un cliente.
-Si no puedo con mi alma.
-Qué, vaya.
No, no, no.
Ni hablar.
Tú no puedes salir, que nos lo espanta.
-Pues nada, si la niña necesita descansar, ya atiendo yo.
Tú tranquila.
Tómate tu cafelito con calma, que ya hacemos las demás tu trabajo.
Faltaría más.
-¿Sabéis qué?
Ya voy yo a atender porque tú estás que no puedes ni hablar y tú tienes un mal humor, Cecilia.
-[ Suspira ] Me voy a sentar.
[ Trinos ] -Mi parienta se queja de que trabajo demasiado, que apenas veo a la familia, dice, y lleva razón.
Aunque a ella no se lo voy a decir, claro.
Pero ¿sabéis cómo he llegado a mi posición?
-¿Amenazando a la gente?
-Trabajando.
Horas y horas y más horas.
Así que cuando por fin tengo un ratito para estar con mi nieto, no sabéis lo que me toca los cataplines, que me molesten con asuntos de negocios.
-Sabemos que su tiempo no tiene precio, don Benito.
-Lo que sí tiene precio es todo lo que me debéis.
-Y como buen hombre de negocios, entenderá que los arranques son algo complicados, y la fiesta de anoche fue un arranque excelente.
Vino la flor y nata y los invitados quedaron encantados.
-¿Pero?
-Digamos que económicamente el arranque no fue tan bien.
-Así que no tenéis mi dinero.
-Aún.
-Estos bichos se comen lo que les echen.
Pan, mondas.
Podría echarles los dedos de tu mano y se los zamparían igual.
-Bueno, ya está bien de tonterías.
¿Quiere trocearnos aquí mismo?
Muy bien, empiece por mí.
Pero entonces no verá ni una peseta.
Mi restaurante -- -Nuestro, nuestro.
-Nuestro restaurante va bien.
Va muy bien.
¿Sabe por qué?
Porque tengo un gran equipo.
Y porque trabajamos horas y horas y más horas.
Pero aún así necesito tiempo.
Y no me da la gana de malgastarlo aquí haciéndole la pelota.
Así que usted dirá, o nos convierte en comida para peces o me da un plazo razonable para pagarle.
-Mira, la cocinerita tiene carácter, me gusta.
Os doy un mes de plazo.
En 30 días quiero mi dinero.
¿Estamos?
-Estamos.
-Y ahora largo.
-No, que no me decido.
Tiene todo muy buena pinta.
Y el local, bueno, el local está muy bien.
Parece nuevo, ¿verdad?
-Sí, es que es nuevo.
Llevamos muy poco abiertos.
Si yo fuera usted, pediría los canelones de rabo de toro.
Están de rechupete.
-Si es la especialidad del cocinero.
-Bueno, de la cocinera.
Que es que somos todas mujeres aquí.
-Me dice.
Qué curioso.
[ Se ríen ] -A veces esto es como un gallinero.
Pero bueno, luego nos llevamos todas muy bien.
Sí, y eso que estamos todo el santo día juntas en casa, en la cocina.
-Ah, ¿pero que también vivís juntas?
-Sí, aquí al ladito, en el edificio de enfrente de Ultramarinos Consuelo.
-Qué suerte, ¿no?
Se ahorran el tranvía todos los días.
-Bueno, y que lo diga.
[ Se ríen ] Discúlpeme, que estamos aquí de cháchara y usted sin pedir.
-¿Y el resto de sus compañeras no han venido hoy?
Lo digo porque si son tan simpáticas como usted, a mí me encantaría conocerlas.
-Pues... Entonces ¿se anima con los canelones?
-Uy, otro día.
Acabo de darme cuenta que llego tarde a una cita.
Ha sido un placer.
Volveré pronto.
-Menudo éxito.
Solo para los clientes sin haber comido.
-Has estado increíble.
Aunque por un momento pensé que íbamos a acabar en el fondo del estanque.
¿Tú no?
Para que sea una conversación fluida entre dos personas, tú también tienes que aportar, ¿sabes?
Hablo yo.
Elena, llevo toda la mañana queriendo decirte algo.
-Julio, si no hace falta, de verdad.
No me tienes que dar ninguna explicación.
¿Me ha sorprendido que estés casado?
Me ha sorprendido que estés casado porque ni siquiera llevas un anillo.
Pero lo siento.
No pasa nada.
No pasa nada.
Lo entiendo.
Tú no me cuentas tu vida privada y yo no te cuento la mía.
Todo bien.
-Bien.
No iba a hablarte de eso, pero ya que sacas el tema, deberíamos hablar.
-¿De qué me ibas a hablar?
¿De qué?
¿De qué?
-Creo que he conseguido algo que puede salvar nuestro restaurante.
-Ja, anda, ¿has conseguido que el tipo al que le debemos dinero nos dé un mes?
-Muy graciosa.
¿Te acuerdas de un tipo bajito con bigote en la fiesta de Covadonga?
-No.
Dime que ha reservado para 12.
-Mejor.
Es reportero de la revista De Buena Tinta.
Nos va a hacer un reportaje.
-¿A nosotras?
¿Cómo has conseguido eso?
-Encanto personal, supongo.
-Vámonos.
-Elena, el restaurante es por aquí.
-Siéntate.
¿Les has dicho ya que te vas?
-Aún no he encontrado el momento.
-Pues no sé qué esperas.
Solo quedó un mes para la boda.
-Es que no es tan fácil.
Soy la repostera, aquí les hago un roto, Miguel.
-Pero si este sitio es un fracaso.
Aquí no viene nadie.
Además, siempre dices que estás cansada de trabajar.
-Pero eso era antes en la pastelería.
Esto me gusta.
-Rosi... ¿dónde vas a estar tú mejor que en casa?
Tráeme el azúcar, anda.
-De acuerdo.
Pues yo me encargo de enseñarle el local, tú de darle bien de comer y, sobre todo, de hablarle sobre ti.
-¿Sobre mí?
¿Por qué?
-Es una entrevista.
Él hace las preguntas y tú contestas, Elena.
¿Sí?
Fácil.
Cuéntale dónde has trabajado, y, bueno, qué te trajo aquí.
-Bueno, pero lo importante es la comida, yo... -Lo vas a hacer genial.
Tranquila.
-Pero es que no sé -- -He quedado con él a las cinco.
[ Conversación indistinta ] -¿Me escuchas?
-Sí.
-Ricardo, periodista.
¿Todas listas a las cinco?
-Sí, sí.
-De acuerdo.
¿No entras?
-Entro.
Entro, pero entro por detrás.
-[ Exhala ] Por fin.
Ya pensábamos que no volvías.
¿Estás bien?
-Ay, chica, menos mal.
Nos tenéis a todas con el corazón en un puño.
-Bueno, ¿cómo se te ocurre ir sola a ver a don Benito?
¿Y vosotras cómo la dejáis?
-Oye, guapa, tú estabas de farra.
No puedes opinar.
¿Qué ha pasado?
-Que nos da un mes.
-Bueno, al menos tenemos un tiempo para estar tranquilitas.
-Claro, hasta que tengamos que volver a pagarle.
-Bueno, por eso esto tiene que funcionar ya, así que todo el mundo a trabajar.
-Ya, pues a mí se me ha ocurrido una cosa.
Anoche estuve en un tablao flamenco que estaba hasta arriba, y se me ha ocurrido, para darle un poquito de vidilla al restaurante, que a lo mejor podemos incluir cenas espectáculo.
-¿Cenas espectáculo?
Flamenco, sevillanas... -No, yo había pensado en algo un poquito más tranquilo.
Un cantante amenizando la cena, algo así.
-Me lo pensaré, Ana.
¿De acuerdo?
¿Me guardas esto?
Cecilia, inventario.
Ya.
Ya.
¿Qué hace un policía aquí?
-¿Ha venido un policía?
-¿No lo has visto?
Si está ahí fuera con Rosa.
-¿Con Rosa?
Ay, Virgen del Carmen y del amor hermoso.
Que nos han descubierto.
-No sabemos a qué ha venido tampoco.
-Claro, ha venido a comer salmorejo, ¿no?
Viene a detenernos.
-Cecilia, por favor.
¿Tienes que ser siempre tan negativa?
Te tienes que poner en lo peor siempre -- -Elena, qué bien que hayas vuelto.
Estábamos todas hechas un flan.
Pero ¿qué hacéis aquí?
-Inventario.
-Inventario.
¿Y el policía sigue fuera?
-Se acaba de ir.
-¿Y qué quería?
¿Te ha preguntado algo?
¿De qué hablabais?
-Bueno, estábamos hablando de la boda.
-¿Y qué haces hablando tú de tu boda con un desconocido?
-¿Qué, es tu prometido y es policía?
-Sí, de momento solo es agente, pero se quiere examinar para oficial.
-Pues ya nos lo podías haber dicho antes, bonita, que con la que tenemos encima -- -No, no.
Lo que pasa es que igual con todo lo de don Benito es mejor ser discretas.
-Claro.
-Claro, claro, claro.
No digo nada.
-Pues vamos a trabajar, que llevamos una mañanita.
-Es que... -¿Qué?
¿Qué pasa ahora?
-Que...que tengo que contaros algo.
-¿Te vas?
Pero si acabamos de empezar.
-Miguel ha conseguido adelantar la fecha en la iglesia y tengo que organizarlo todo.
El vestido, las flores.
Y claro, luego tendré que ocuparme de amueblar el piso y de la casa.
Y los niños también.
-Pues sí que tienes faena, sí.
-¿Y no puedes plantarle en el altar y volver con nosotras?
-Lo que queremos decir es que nos alegramos por ti, pero que te vamos a echar de menos.
-Siento mucho haceros esto, pero me encantaría que vinierais a la boda.
-Claro que sí, allí estaremos.
Pero, bueno, ahora hay que reorganizarse.
Dudo mucho que vayamos a conseguir una repostera tan buena como tú, Rosa.
-Y además que podamos pagarla.
-¿Y qué, dejamos de servir postres?
-No, por eso estaba pensando que igual no te importaría enseñarle tus recetas a Lourdes.
-¿Qué?
-Quedan solo unas semanas para que se vaya.
Si le enseñas lo que sabes, pues quizá podríamos... -Claro, claro, claro.
-De eso nada.
A mí, [ chasquea la lengua ] ni hablar.
Llevo toda la vida cocinando y no necesito que nadie me enseñe nada.
Y mucho menos una niña.
-¿Sabes hacer buñuelos de albaricoque, Lourdes?
¿Crema de chantilly?
¿Huevos amerengados?
No.
Pues Rosa sí sabe y te lo puede enseñar.
Seguro que aprendes rápido.
Muy bien, todas a trabajar, que el reportero llega a las cinco.
-¿Qué?
-¿Qué reportero?
-El que se me ha olvidado contaros.
Vamos a salir en la revista De Buena Tinta.
-¿Vamos a salir nosotras en una revista?
-Sí.
-¿Nosotras, como las famosas?
-Pero, madre mía, eso se avisa que llevo la ropa de anoche.
-Vamos.
Venga, vamos.
-Y una cosa te digo, yo los huevos amerengados lo hago a mi manera.
-¿Un reportero?
¿Y qué vamos a contarle?
¿Que matamos a tu marido y somos fugitivas?
-Tampoco hace falta que digamos eso.
Lo podemos adornar un poquito.
Cecilia, siempre tan negativa.
-"Llevo días buscándolas por Madrid.
Muy cerca de encontrarlas".
-Recuerda, nos conocimos trabajando en Biarritz.
Y cuando me dieron la herencia, monté esto.
-Pero si yo no sé ni dónde está Biarritz.
-Da igual.
-¿De verdad tengo que hablar?
-Cecilia, serán unas preguntas nada más.
Tranquila.
-¿Tú estás segura que esto del reportaje es buena idea?
-Bueno, da igual, porque ya vienen por ahí.
Sonríe.
-Pues aquí lo tiene.
Bonita fachada, ¿verdad?
-Muy bonita.
-Pues espera verlo por dentro.
-Bienvenido a La Favorita.
Estamos encantadas de tenerle aquí.
-Ricardo, Elena, mi socia.
-Así que usted es la famosa Elena, la genia de los fogones.
-Bueno, eso es un poco exagerado por su parte.
-No lo digo yo, es su socio, el que lleva todo el camino hablando maravillas de usted.
-Ah.
Ella es... -Cecilia, cocinera.
Elena y yo nos conocemos desde hace un porrón de años, ¿sabe usted?
Yo trabajaba sirviendo.
Bueno, y ella.
Ella también.
Recuerdo que cuando -- -Yo creo que lo mejor es que le enseñemos el restaurante antes y luego ya pasemos a esto.
-Perfecto.
-Sí.
Pues pase y le presentamos al resto del equipo.
-Gracias.
-No, pasa tú.
-Por favor.
-Pasa tú, pasa tú.
-De verdad.
-Ay, Dios.
[ Tintineo de llaves, destraban la puerta ] -[ Suspira ] [ Abren la puerta ] ¿Chicas?
[ Abren la puerta ] -Antes trabajaba en una pastelería.
Me pegaba unos madrugones.
Y, bueno, el dueño era un sieso.
Pagaba fatal.
Pero eso mejor no lo ponga.
-No se preocupe.
Entonces, ¿le gusta más trabajar aquí?
-Me encanta.
Es el mejor trabajo en el que he estado nunca.
-Con 10 añitos, ya estaba en los fogones.
Las otras cocineras me enseñaron todo en la cocina.
Guisos, recetas, todo.
Vamos, que tengo el culo pelado.
Bueno, esto mejor no lo ponga.
-Tranquila.
-Con cualquier cosita te hago una receta.
Y sé hacer de todo.
Y no necesito que a estas alturas de mi vida nadie me enseñe nada.
Ponga eso.
-Nos conocimos en Biarritz.
Servíamos en la misma casa.
Y cuando a Elena le cayó la herencia de su abuela, decidió montar esto.
Y, pues nada, me vine con ella.
Y eso que a mí Biarritz me chifla.
-Ella es Ana.
-Encantada.
-Nuestra jefa de sala, que solo llega tarde cuando la entrevistan.
-Siento muchísimo la espera, pero apuesto a que no todos los días entrevista a chicas con un vestido tan bonito.
-Ni tan divertidas como usted.
[ Ambos se ríen ] -¿Quiere que le enseñe la bodega?
Ojo, que si me cae bien, puede que le abra una botella.
¿Los reporteros pueden beber cuando están de servicio?
-Bueno, yo creo que si va a beber, es mejor que lo haga con el estómago lleno, ¿no?
-Mm.
No había aprobado nada igual desde que estuve en París.
-Ay, París.
Precisamente ahí aprendí la técnica del blanqueado.
La usamos para fijar el color y aumentar la suavidad de los alimentos.
Hay que pasarlo del agua hirviendo al agua fría muy rápidamente para que -- -¿Estuvo usted en París?
-Hombre, claro.
Para una amante de la cocina como yo, es parada obligada, ¿verdad?
-¿Y eso fue antes de Biarritz?
-Sí, sí, sí.
-Porque según su cocinera se conocieron en Biarritz.
Y usted venía de trabajar muchos años en una casa en Albacete.
-En Albacete, sí.
Es que he estado en muchos sitios porque me llevaban los señores para los que trabajaba.
-Los de Albacete.
-Mm-jm.
-¿Y se apellidan?
-Ana, es que no le hemos contado lo de las cenas espectáculo.
Es que ha sido una idea de ella, porque Ana, aparte de la bodega y la sala, se encarga de la diversión.
Cuéntale, cuéntale.
-Por supuesto.
Las cenas espectáculo... -¿Albacete?
-Algo tenía que inventarme.
-Vamos a traer a los mejores músicos.
-No, le iba a decir que eres marquesa.
Claro, me pregunta, me da pie y saco la lengua a pastar.
-Da igual, da igual, da igual.
Creo que he salvado los muebles.
Pero por favor, no le digas nada más hoy.
No hables más.
-Elena, ¿pero cómo me haces esto?
-Ana, ese hombre estaba perdiendo el interés.
Algo había que decirle.
-Que lo de las cenas espectáculo era solamente una idea.
He tenido que improvisar.
-¿Ves?
Teníamos que haber ensayado más.
¿Qué le has dicho?
-Pues que todos los viernes iba a haber músicos, los mejores músicos de la ciudad iban a estar aquí.
-Pues enhorabuena, tu idea se ha hecho realidad.
Va a salir en prensa.
Búscate algo para el viernes.
-Pero que para el viernes quedan tres días.
-Creo que mi padre estaría orgulloso de lo que estamos haciendo.
Si me disculpa.
-Claro.
-¿Tú sabes de algún sitio donde haya música en directo?
-Bueno, hay varios cafés cantantes, algunos speakeasy, que son sitios un poco más clandestinos.
-Te gusta el ambiente cabaretero, por lo que veo.
-No.
-No, no te preocupes.
A mí también.
-El mejor cabarete es La Guarida.
Si quieres luego te paso la dirección.
-Perfecto.
-Si vas, no vayas sola.
Y ten cuidado, que nunca sabes lo que te vas a encontrar.
-Sé cuidar de mí misma.
-Sí, en cualquier caso, que te acompañe alguien.
Y, bueno, no dudo que siempre vas bien acompañada.
Sí.
-Aquí faltan dos docenas de huevos, Manuel.
-Como fastidias.
Uf.
No sé.
No me hagas volver al colmado, por favor, te lo pido, que llevo retraso con las entregas y mi madre me mata.
Palabrita, que mañana te los traigo.
Y perdóname, es que hoy no sé dónde tengo la cabeza.
-Normal, después de toda la noche de juerga.
¿Qué tal con Ana?
-Bien, bien.
Muy divertido.
-Debió serlo, porque ha llegado esta mañana.
¿Y qué, bailasteis mucho?
-Se hizo lo que se pudo.
-Pues no te hagas ilusiones, que esta cada noche baila con uno diferente.
-Manuel.
Manuel, recógeme hoy después del cierre, que esta noche vamos al cabaret La Guarida.
-Y ya te estás volviendo al colmado, que nos hacen falta esos huevos.
-¿En serio?
[ Portazo ] -No sé, yo creo que me gusta más el otro.
-Te has probado todo el armario dos veces.
Decídete ya.
-Bueno, si me echaras una mano en vez de estar ahí quejándote, igual terminaría antes.
Además, Manuel va a llegar y yo estoy con estos pelos.
-Es que no sé por qué eso de arreglarte tanto.
Se supone que vas a ese cabaret a buscar cantantes para la cena espectáculo y con ese vestido, pues... -¿Qué le pasa a este vestido?
-Pues que el espectáculo lo estás dando tú.
-Yo creo que me queda muy bien.
Que es muy transparente.
¿Qué quieres?
¿Que te mire todo el mundo?
-Bueno, pues que miren.
Su día de suerte.
Que miren.
-Vamos, ¿que te da igual lo que piense la gente?
-Pues sí, Ceci, sí.
Hace mucho tiempo que dejó de importarme lo que la gente piense de mí.
Pues que sepas que la gente va a pensar que eres una fresca.
-A ti no te molesta que yo me ponga guapa para salir.
A ti te molesta otra cosa.
-¿Qué otra cosa?
-Que salga con Manuel para tomar algo.
-Por mí como si sales con tu primo el del pueblo, me da igual.
Divertíos.
-Eso haremos.
-Pues muy bien.
Pues me alegro.
-Lo primero de todo es montar las claras con el azúcar y el azar.
Echas unas cucharaditas.
Un poquito de azahar.
Hasta punto de nieve.
Y punto de nieve es cuando las -- -Ya sé lo que es punto de nieve.
Mira, no me trates como si fuera una novata o te vas a tragar la cacharra esta.
-No se llama cacharra.
Se llama batidor de varillas.
Bueno, cogemos la leche y el limón y se calienta.
Sobre todo con la ralladura de limón y con la canela.
Y cuando ya se haya rebajado la leche, ahí echamos los cucharones de merengue, que tiene que quedar cuajado, pero casi crudo.
Sí, es muy fácil.
-Pues si tan fácil es, lo podré hacer yo sola digo yo.
No me hacen falta tantas lecciones.
-Lourdes, yo solo quiero ayudarte.
Es que Elena me lo pidió.
Ceci, ¿estás bien?
Tienes una carilla.
-Sí, no es nada.
-Pst.
Esa garra, que lo necesitamos.
-Chicas, me voy.
No me esperéis despiertas.
[ Portazo ] -¿Va a volver a salir esta noche?
-Oh, y mañana y pasado.
Esta le puede más una juerga que el cansancio.
-¿Ha quedado con Manuel otra vez?
-Eso parece.
-Que dejes de picotear.
Digo yo que si repite plato, eso es que le ha gustado.
-Es que la verdad que el muchacho es un buenazo.
Se le ve muy limpio.
-Si tú lo dices.
Pero para mí que le falta un hervor.
-Más de uno le falta.
-Pues yo creo que hacen muy buena pareja, fíjate.
-Qué pareja ni qué niño muerto.
¿Tú te crees que Ana es de las que se echa novio formal?
Esta le querrá pa' entretenerse, pa' echarse unos bailes, que le eche unos buenos piropos, hacerse unos arrumacos.
Y si la cosa se calienta, entonces -- [ Golpe seco ] -¿Sabéis qué os digo?
Que yo también voy a salir esta noche.
-¿Ahora?
¿Y a dónde vas a ir?
-Pues donde me dé la gana.
A ver si Ana va a ser la única que se puede divertir en esta casa.
Me lo llevo.
-Mírala, al final se lleva el chocolate.
La madre que la trajo.
[ Portazo ] Bueno, venga, Vamos a acabar.
¿Qué le pongo más?
-¿Qué te falta?
¿Le has echado el azúcar?
-El azahar me falta.
[ Toca "Marinero" ] -♪ Marinero es mi amante ♪ ♪ Y tan ciega le adoro que no vivo sin él ♪ ♪ Cuando viene a mi lado, amorosa le escucho ♪ ♪ Sus palabras de miel ♪ ♪ Y en las rocas sentados ♪ ♪ Contemplando extasiados la grandeza del mar ♪ -Bienvenidos.
-Hola.
-¿Dos?
-Mm-jm.
-Acompáñenme, por favor.
-♪ A la mar, no te vayas, marinero ♪ ♪ Te lo pide tu... ♪ -Nuestra mejor mesa con vistas al mar.
-Gracias.
-♪ Que aunque sabe ♪ ♪ Que es tu barco muy velero ♪ -Muy bien.
¿Qué desea tomar?
-A mí ponme un vino tinto.
Un tempranillo.
-Enseguidilla.
¿Y a usted?
-¿Gaseosa, puede ser?
-Sí, pero a ver, ya que está el momento, valdría un anisete.
-♪ Y cruzando los mares ♪ -Gaseosa está bien.
-♪ Va muy lejos de aquí ♪ -Marchando.
-♪ A las olas pregunto cuando a la playa llegan ♪ -Bueno, lo que te estaba diciendo.
Es que no me digas la faena, que tuve que volver corriendo al colmado por los doce huevos.
¿A qué no los habéis utilizado?
-Manuel.
Manuel.
He venido aquí porque tengo que encontrar a alguien para el restaurante y no escucho nada.
-Perdón.
-♪ A la mar, no te vayas, marinero ♪ ♪ Te lo pide tu angustiada pescadora ♪ -Cuidado, que voy.
-♪ Y aunque sabe que es tu barco ♪ -Tinto para el caballero y agua con gaseosa para la reina mora.
Que aproveche.
-Ya.
Pero es que es la reina mora la que te ha pedido el tinto.
-Perdona, mujer, es la costumbre.
Aquí no ha pasado absolutamente nada.
Que aproveche.
-Perdona.
Este vino está malo.
-¿Disculpa?
-Sí que está picado, que huele agrio y se nota el corcho.
¿Cuánto tiempo lleva abierto?
-¿El vino?
-No, el cabaret.
-Está recién abierto.
-¿Ah, sí?
Pues entonces igual tenéis que mejorar las condiciones de conservación de las botellas.
-Mira, el vino está perfecto.
A lo mejor lo que está picado aquí es otra cosa.
-Mira, soy jefa de sala y de la bodega de un buen restaurante, y si yo te digo que este vino está malo es porque lo está.
Cámbiamelo.
-Por supuesto, su majestad.
[ Cesa la música ] [ Aplausos ] [ Chasquea copa ] -Yo por eso no pido vino.
-Que le abra otra botella de vino.
Sí, sí.
Ahora mismo te abro una, bonita.
-¿Nos conocemos?
-No, lo siento.
-Me suena mucho tu cara.
¿Tú no trabajas en el café de Cuatro Caminos?
-De verdad que no.
-Tú eres Margarita.
[ Tocan la puerta ] -Pero, niña, ¿cuánto llevas en el baño?
Que no vives sola.
-Pero si acabo de entrar.
-Chicas, ¿podéis venir?
¿Alguna ha entrado en mi habitación para algo?
-Yo no.
-No, yo tampoco.
¿Por?
-Por nada.
Nada, olvídalo.
-Pero ¿otra vez vas a entrar?
-Tendré que terminar.
[ Timbre ] [ Tocan la puerta ] -¿Quién llama a estas horas?
-¿Quién es?
-Soy yo.
¿Podemos hablar un momento?
-Querrá comentarme algo del restaurante.
-Ya, claro, del restaurante.
Ah, hija, por fin.
[ Toca la puerta ] -¿Me vas a abrir o...?
Bueno, es un poco extraño estar hablándole a una puerta.
-¿Qué quieres?
Me iba a acostar.
-¿No me dejas pasar?
-Buenas noches, Sra.
Peláez.
-Mm-jm.
Sobre todo para algunas.
-¿Te importa esperarme abajo?
-Señora.
-Pues tú me dirás qué hacemos paseando estas horas, que deberías estar en casa con tu mujer.
-Bueno, ella aún no habrá llegado y yo necesitaba hablar contigo.
-Ya.
¿Y es tan urgente que no puede esperar a mañana?
Que algunas madrugamos.
-¿Podemos enterrar el hacha de guerra por un segundo, Elena?
Sí, que parecía que, no sé, que nos entendíamos por fin y que no discutíamos.
Y no sé, te noto un poquito -- -¿Un poquito qué?
-Tensa.
Tensa.
Te noto tensa.
-¿Un poco tensa?
-Sí un poquito.
-No, yo no estoy tensa.
-Bueno, pues yo un poco sí.
Sí, y ambos sabemos por qué.
-Muy bien.
Bueno, pues, vamos a hablar sin tapujos.
Si me has sacado de casa a estas horas, será que quieres decirme algo importante.
-Sí.
-Dime.
-El restaurante va bien y, bueno, el reportaje ha salido muy bien.
Muy bien, sí.
-¿El reportaje ha salido muy bien?
-Mm-jm.
-El reportaje ha ido muy bien, ¿y eso no puede esperar a mañana, Julio?
-¿Me puedes dejar terminar?
Ha ido tan bien, bueno, que quieren poneros en las páginas centrales.
Así que mañana vendrán y os harán unas fotografías.
-¿Unas fotografías de qué?
¿De nosotras?
-Por supuesto.
Es un restaurante llevado por mujeres, y eso llama la atención.
Además, vuestras caras saldrán a doble página en el centrito.
Genial, ¿verdad?
-No.
-¿Cómo que no?
-No.
Genial no, Julio.
No.
-¿Por qué?
-Porque no.
Porque no somos modelos, Julio, somos cocineras.
Así que, por favor, dile a la revista que muchísimas gracias, pero no.
-Elena, el reportaje tiene que salir bien.
¿O qué quieres, que Don Benito nos corte en cachitos y nos eche al tanque de los patos?
-No quiero eso, pero, Julio... -Pues ya está.
No se hable más, por favor.
Os harán las fotos, y poneos guapas.
Buenas noches.
-Madre mía, las reuniones de socios de estos dos, no sé yo.
Estos se deben pensar que yo me chupo el dedo.
¿Y a ti ahora qué te pasa?
¿Se te ha comido la lengua el gato de repente, hija?
-Estaba pensando en la boda.
-Ya, claro.
Es que es normal que estés nerviosa.
Es la noche de bodas, ¿no?
¿Eso es lo que te preocupa?
-No, no es eso.
Bueno, ahora sí es eso un poco.
Pero estaba pensando en otra cosa.
A ver, yo quiero casarme y tener una familia, hijos y todo eso, pero... ¿De verdad tenemos que dejarlo todo para quedarnos en casa?
Es que yo sé que el restaurante no es muy normal ni muy seguro.
Y además estás tú, que eres una gruñona.
-Oye, qué gruñona ni gruñona.
Ojito con lo que dices.
-Sé que no te gusta nada que tenga que enseñarte a hacer postre.
-Pues no, no me gusta.
-Pero, Lourdes, es que soy yo la que está deseando aprender de ti.
Os he cogido tanto cariño.
Y me da pena que tengamos tan poco tiempo.
Voy a echar mucho de menos La Favorita.
-Sí, entre la boda, el piso y los niños, verás como pronto te olvidas de nosotras.
[ Bullicio ] -Copita de tinto para la señorita.
Que aproveche.
-Perdona.
¿Qué te crees, que soy idiota o qué?
-¿Perdón?
-Me has puesto el mismo vino.
Ni te has molestado en cambiar la copa.
¿Qué te creías, que no me iba a dar cuenta?
-Jefe, a ver si controla un poquito a su parienta.
-No.
-No, no, no.
Porque ya está montando un poquito de escándalo.
-No, perdona.
Yo no estoy montando ningún escándalo ni nadie me tiene que controlar.
-Shh, shh.
¿Te relajas, mm, monada?
Que contenta seguro que estás mucho más guapa.
-¿Sabes cuándo me voy a relajar?
Cuando dejes de tratarme como si fuese idiota.
Y si te pido que me cambies el vino, me lo cambias.
-Sí, que yo te lo cambio.
Pero baja el tono, por favor.
-¿Pasa algo, Roberto?
-No, jefe, no.
No pasa nada.
-Sí, sí que pasa.
Sí.
¿Se lo contamos?
Verá, es que me ha puesto un vino que estaba picado y cuando le he dicho que me trajese otra copa, me ha traído la misma.
Y además se ha puesto un poquito impertinente.
-Que no.
Mire, lo que pasa -- -Ven conmigo.
Ahora le invita la casa otro.
-Gracias.
-Jm.
Qué paraco.
Pero bueno, creo que le hemos dejado las cosas claras.
Voy un momento al -- Ahora vengo.
-Manuel.
-[ Se ríe ] -Es por allí.
-Perdón.
-Venga, Margarita, mujer, no seas así.
Deja que te invite una copa por los viejos tiempos.
-Pero ¿qué viejos tiempos, señor?
Si yo a usted no lo conozco de nada.
-Venga, brindemos, Margarita.
Va, va.
-¿Pero me quiere dejar en paz?
¿Cómo se lo tengo que decir?
-Cecilia, pero ¿tú qué haces aquí?
¿Estás bien?
-Sí.
-¿Te pasa algo?
-Amigo, ¿no se da cuenta que estoy hablando con la señorita?
Carril.
-¡Que yo con usted no tengo nada que hablar!
-Gracias, chaval, por fastidiarme la noche.
[ Ladridos distantes ] -Cecilia.
Cecilia, tenemos un problema.
-Es la frase que más hemos dicho desde que salimos de Sevilla.
-¿Has llorado?
-¿Cuál es el problema ahora?
-El reportaje.
-No me digas más.
¿Nos han pillado?
-No, todavía no, pero les ha gustado tanto que quieren hacernos fotografías a todas mañana.
-Pero si salen nuestras caras en la revista De Buena Tinta nos van a reconocer en cualquier punto de España.
-Shh.
No pasa nada, no vamos a salir en esas fotografías.
Tú encárgate de que estéis todas pronto mañana.
Y compra flores.
Tengo un plan.
-¿Flores?
-Sí.
¿Dónde estabas a estas horas?
-¿Una fotografía?
-Eso ha dicho Elena justo antes de salir pitando.
Y que cuando estemos listas, bajemos al restaurante porque hay muchísima faena.
-Qué ilusión.
Pero me tengo que arreglar el pelo que nos va a ver todo el mundo.
-A mí no me hacen una fotografía desde que hice la primera comunión.
Que salía yo con mi rosario y con unos caracolillos preciosos.
-¿Pero tenemos que ir así?
-¿Así cómo?
¿Que quieres, que me ponga una bolsa en la cabeza?
-Hombre, nos van a hacer una foto.
Habrá que lucir palmito, ¿no?
-Claro.
¿Tú crees que Ana me dejaría uno de esos vestidos que tiene?
-Calla, calla.
A Ana ni la molestes, que estará durmiendo la mona, que ha llegado tardísimo la muy pendona.
-Se lo habrá pasado muy bien.
-Mm.
Ya lo creo.
Si es que esta no pierde el tiempo.
Mejor no molestarla porque estará agotada de tanto... ya sabes.
-A Ana, hay que despertarla, que tenemos muchos recados que hacer.
Y vosotras no os arregléis tanto, que Elena tiene otros planes.
Voy a despertarla.
¡Ana!
Venga, es hora de despertarse.
-Madre mía, qué mal despertar tienen algunas.
[ Toca la puerta ] -¡Ana!
-¿Se puede saber para qué quiere Elena tantas flores?
-Las puedo comprar yo sola, ¿sabes?
-No, no, si yo te quería acompañar.
Y además así puedes contarme qué hacías anoche en el cabaret.
Manuel me dijo que te vio por allí.
¿Qué, estabas espiándonos?
-No, rosas no, que son muy caras.
Claveles mejor.
-No, señora.
Rosas sí.
Son más elegantes.
Ceci, si lo que te preocupa es que haya algo entre Manuel y yo, puedes estar tranquila, solamente somos amigos.
-Que me da igual.
-Sí, te da igual, pero no te fías de mí.
Señora, esas no, que son muy caras.
Las otras.
-¿Qué se cree que somos ricas?
-Las otras.
Eso.
-Sí, las otras mejor.
-Además, ese cabaret no es un sitio para que vayas sola.
Me comentó Manuel que había un pesado dándote la matraca.
¿Qué quería?
Bueno, ¿qué quería?
Qué pregunta.
-Nada, encárgate tú de las flores.
-Chicas, ¿dónde estáis?
Con todo lo que hay que hacer.
Y... cúrcuma, sí.
[ Abren la puerta ] Chicas, menos mal que habéis llegado.
Lo tengo todo listo.
Tenemos -- Caballero, aquí no puede estar.
-Siento haberla asustado.
Es que estaba la otra puerta cerrada.
-Si quiere comer, venga más tarde.
Está cerrado.
-La verdad es que huele todo muy bien aquí.
No me importa esperar.
-Pues espere en un café.
Le digo que está cerrado.
-Es que vengo desde muy lejos para probar su comida.
Desde Sevilla.
¿Ha estado una vez allí?
-No.
No, nunca.
-¿Está segura?
-Mm-jm.
-¿Tendría una cerilla, por favor?
-Voy a... -¿Dónde va?
¿A escapar de mí?
Dejar las llaves puestas no ha sido buena idea, señora marquesa.
Podemos hacer esto bien, sin que salga nadie herido.
-Deme las llaves.
-¿O qué?
[ Tintineo de llaves ] ¿Va a asesinarme... a mí también?
-Démelas.
Démelas.
[ Chasquido ] ¿Qué quiere?
¿Qué --?
[ Grito ahogado ]
Support for PBS provided by:
















